Solitario de la boca herida
Ni la llamarada para el solitario
de la boca herida.
Le duele morder
la cáscara de la sombra
y su llanto son pisadas
que no alcanzan horizontes.
Déjalo dormir, arrópalo primero.
No vaya a ser que con el agua
la noche lo cubra de lodo.
Óyelo hablar; óyelo mucho.
Su voz habitará tus manos
cuando acaricies.
Él te abrirá la puerta
cuando el amanecer te bese
con zumbidos.
No llores así:
la pena también tiene esqueleto.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario