16 de diciembre de 2015

Una carta muy cierta: profesora española responde críticas al profesorado en El País (España)

La siguiente carta bien puede replicarse a la realidad del profesorado de cualquier país:


CARTAS Al DIRECTOR


Superpoderes


Soy profesora y me molesta que solo se hable de la educación, para ganar votos, cada cuatro años. El Libro Blanco es un asunto político, no es la solución a los problemas de la enseñanza pública. Es cierto que el profesorado debe ser competente para realizar su trabajo, como cualquier otro colectivo profesional, pero no leo en ningún medio que para recuperar la calidad de la enseñanza hay que dejar de pedir al profesorado que ejerza de psicólogo, de padre, de juez, de policía y de asistente social. Para eso no prepara ninguna universidad, por larga que sea la formación, porque ser docente en la pública significa tener superpoderes. Conozco los sistemas educativos de muchos países europeos y lo que se le pide al profesorado en España es impensable en el resto. El profesor debe ser una persona preparada para impartir la materia en la que se ha especializado. El resto de las tareas que nos han encomendado dificultan la nuestra. Llevamos años reparando los daños que los políticos ocasionan con sus recortes y su desinterés por la enseñanza pública, y se permiten el lujo de criticarnos.— Rosa Santa Daría Hernández.

 Ingenio, Las Palmas (Gran Canaria) 15 DIC 2015 - 00:00 CET
Citado del Diario El País, España. Disponible en:

http://elpais.com/elpais/2015/12/14/opinion/1450117488_743451.html

11 de diciembre de 2015

El grito y la muerte en un amor insecto: crítica de Luis Valenzuela en Sobrelibros.cl

Precisamente hoy, 11 de diciembre, se cumplen 12 años de la presentación de El amor insecto en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional. Para recordarlo, transcribo la crítica del escritor y académico Luis Valenzuela Prado, que apareció en el sitio web www.sobrelibros.cl :




La poesía nunca abandona al amor, nunca lo aparta a un lado ya que este es un motor que lleva arraigado eternamente; pero sea cual sea la forma de enfrentarlo nunca lo comprende a cabalidad. Así, los intentos son disímiles y la poesía de El amor insecto deCristián Basso (1976) de ningún modo es la del amor cursi ni la del violento que aspira a destruir ese otro que se busca, aunque a veces se acerca, cuando la situación del hablante es de ira, pese a que no la dirige a su otro. Este hablante vive un proceso de metamorfosis en el que va recorriendo una realidad compleja y a veces inteligible, que le permite ver el amor desde la cólera, el grito, la fiebre, el naufragio. Si algo se puede decir de esta poesía es que se grita, y ese grito en repetidas ocasiones se escucha y se percibe.
        En cada una de las tres partes, el libro se recubre de imágenes revueltas que ofrecen bosquejos del escenario que ocupa el pequeño hablante, el cual no se configura con mermas producidas por el amor o debilidades que lo hagan frágil; por el contrario, en ocasiones lo hace enajenado, lanzando aullidos, ladridos, poesía con la fuerza y el padecimiento de quien está siendo el insecto amante. Esto, sobre todo en los primeros versos, se aprecia en esa actitud agresiva que se vale de un lenguaje desafiante que intenta imponer los términos con los cuales desea instalarse: "Toma la cólera reptil que te envenena/ Abre los cofres para días funerales". La cólera será el arrebato, la ira, el furor, instando al otro para que hiera: "clava astillas en la sed antigua". La herida no está, aunque la pidan, la griten. En este comienzo de versos breves, el hablante suelta gemidos: "En la boca,/ perfume de horror". Recuerdo a De Rokha por esa fuerza y esa prosa poética dura y difícil de masticar, que más adelante surge en este poemario, sin embargo, más ligera, fragmentada y a la vez distante de una poética de mensaje explícito. Por el contrario, repito, este poemario se recubre de imágenes revueltas y, agrego, el arrebato del hablante es temple y potencia por medio del verso.
        Es difícil abordar El amor insecto, hay que repasarlo una, dos y tres veces. Se transforma en un desafío enfrentar cada imagen presente -"Abiertas, las pesadumbres/ crepitan"-, sin que éstas sean demasiado explícitas y caigan en la adjetivación barata para crear oscuridad (el efecto opuesto al florecimiento) mediante el grito, la imagen lúgubre, el mandato, el insecto -el sujeto diezmado- o su entorno: la marea, la lluvia, el vacío. Se vale para esto de una mezcla de versos blancos y libres, breves y extensos, de prosa poética y sonetos, lo que a la larga imprime ritmo y fuerza a los textos.
        No hay rutina en los versos de este poemario, digo, no hay relato de secuencias lógicas de imágenes concretas. No es una poesía de lo cotidiano. En la segunda parte del poemario la muerte se hace presente, uno que otro verso se reconoce en un símil de otras poesías, como este que se asemeja a La muerte está sentada a los pies de mi cama, de Óscar Hahn: "A mi alrededor la muerte cosía/ mis costras para hacerse un abrigo, guiñaba un ojo a un ave de rapiña". Esta presencia de la muerte permite un paisaje, más denso y oscuro: "A mi morada le nacieron monstruos". De esta manera, la muerte se cruza con el amor y con el grito encolerizado, furioso, del hablante, sin que este se debilite. Si algo se le puede pedir a la poesía es que se sienta, y esta responde de manera muy sólida frente a esa petición.


EL AMOR INSECTO. Cristián Basso. RIL Editores. Santiago, 2003. 117 páginas.

27 de noviembre de 2015

Literariedad (Colombia) dedica un número especial a la literatura chilena: PAISAJES: CHILE


La prestigiosa revista colombiana ha dedicado un número especial a la literatura chilena: se trata de una primera entrega en la que aparecen diferentes autores de nuestro país.


La selección de textos puede visitarse en:  

http://literariedad.co/category/paisajes-chile/

7 de abril de 2015

Leyendo a Gabriela Mistral en su natalicio

Gabriela Mistral es para mí una poeta de cabecera. El primer libro de poesía que leí fue Desolación y, tras él, vino mi entrada a su inmensa poesía y prosa. Pero de todos los poemarios mistralianos el más significativo por la intensidad y la huella telúrica que despierta sentidos y conexiones con la vida es Lagar. Quizás los años me han permitido recorrerlo con nuevas lecturas. Es ella la voz presente de una mujer chilena trascendental.

Hoy la recuerdo en su natalicio con un poema al que siempre regreso, porque creo que en él se resume todo oficio poético:



PODA DE ALMENDRO
Podo el menudo almendro contra el cielo
con una mano pura y acendrada,
como se palpa la mejilla amada
con el semblante alado del anhelo.

Como creo la estrofa verdadera
en que dejo correr mi sangre viva,
pongo mi corazón a que reciba
la sangre inmensa de la primavera.

Mi pecho da al almendro su latido
y el tronco oye, en su médula escondido,
mi corazón como un cincel profundo.

Todos los que amaban me han perdido,
y es mi pecho, en almendro sostenido,
la sola entrega que doy al mundo…

Portada: Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.

5 de abril de 2015

Chiara De Luca, una poeta italiana que sorprende: Alfabeto dell´invisibile




A fines de marzo de este año, aparecieron publicados en español en la revista de literatura peruana Vallejo & Co. siete poemas de la poeta italiana Chiara De Luca, escritora y traductora que ha destinado la vida y la pasión por la escritura poética . 

Es autora de los poemarios  La corola della memoria (2008), Animali prima del diluvio (2010) y del inédito Alfabeto dell’invisibile, en versión bilingüe español-italiano. Su poesía sorprende por la fuerza expresiva que alcanza en los versos. Sin duda, una autora que debemos considerar cuando se trata de elegir poesía "de alto vuelo". 

En otras entregas, comentaremos su reciente Alfabeto dell’invisibile, editado por Samuele Editore. He aquí una muestra autorizada por la gentileza de la propia autora.

Soy esta casa derruida

de ventanas ciegas y fumo
contra el cielo, partida
por haber defendido demasiado.
No me llames, vuelve sólo
si es para reconstruir.
Todo tiembla entrando
estallan las grietas del silencio,
desquician las puertas hacia la oscuridad.
No se redisponen las piedras
porque no tiene más herederos el sueño
no ha olvidado nada que se pueda robar.
Sólo las paredes exteriores saben estar
blancas al encontrarse con el viento.

Es extraño ver cómo puede el viento

liberar el cielo y aliviar en vuelo
los brazos de los árboles de nuevo genuflexos.
A la prisionera en casa aún le falta mucha luz
bebida por el edificio a pocos metros desertado,
mientras sobre la terraza los paños juegan con los hilos
recargados bailan desaliñados y como ignorantes
del tiempo oculto que marcado por el silencio
hace meses en mi barrio replica solamente
la belleza dura de tus ojos en el andar
la trágica sabiduría que enmascara los miedos
los gritos de los niños en ese corral
tan puros

            (De La corola della memoria, 2008)

Ocaso


No digo que no exista el amor

murmuras en ruego después de una hora
de charlas y risotadas agudas de niña;

te envuelves la falda alrededor de los tobillos,
tirándote los puños del jersey sobre las manos

para posar tu mentón sobre el dorso
sentándose conmigo sobre la acera

– entre cucuruchos llovidos a dos metros de la papelera
pan, maíz y guano sobre el peldaño,

contando sobre el pavimento los tacones y mocasines
las ruedas del bus, de las bicicletas y de los cochecitos –

pero hoy el amor es este triste río,
invadido por rechazos y ratas de alcantarilla,

que en el caos del centro corre despreocupado
del estruendo entrometido de los coches que lo invade

nosotros somos las figuras alineadas sobre el puente,
que ves delineándose indistintas en el ocaso:

hay quien al parapeto se asoma quizás en busca,
quien de pronto se petrifica en la tormenta,
quien por error o aburrimiento se pone de pie en el centro;

la mayoría va más allá al horizonte de los otros,
o de un trabajo, un techo, un reconocimiento,
una pantalla, una corneta, un agujero dentro

y el sol lentamente en el agua se va desvaneciendo.

            (Del inédito Alfabeto dell’invisibile)



8 de julio de 2014

Un brindis por la poesía...desde Florencia, Italia


Desde la ciudad de mis ancestros, un brindis a todos mis amigos y amigas...por la poesía, que nos aleja la mala gente y nos acerca el arte verdadero, siempre salvador y luminoso.

20 de diciembre de 2013

"Voces para el tiempo: catorce autores italochilenos", nueva antología poética bilingüe del Instituto Italiano de Cultura de Santiago


Traducidos por el profesor y poeta italiano Fabio Rosa (Universidad de Florencia), los poemas que forman parte de esta nueva publicación antológica bilingüe español-italiano del Istituto Italiano di Cultura de Santiago se presentó ayer en el IIC. Dicha obra reúne a poetas chilenos de origen italiano. Entre ellos, Juan Antonio Massone, Annamaria Barbera, Cecilia Casanova, Renzo Rosso, Maritza Gaioli, Inés Lazzaro, entre otros.

Muestra de poemas de Cristián Basso 
 (traducción al italiano de Fabio Rosa)
DELIRIO

Adesso tutto è in gioco.
Le finestre si reclinano
sulla cicatrice dei mondi.
I colpi cadono forti;
la tenebra da piangere
e trattenere dentro le lacrime.
Adesso tutto è in gioco.
Le febbri della coscienza
ardono bruciando.
La pelle ha perso
i suoi dipinti.
Adesso tutto è in gioco:
le palpebre si chiudono vinte.

Tutto è in gioco
e se non muoio
è un miracolo.



ESSERI

Si baciano nel tempo,
nella distanza più intima
si abbracciano.
Le ore sono il cosmo,
sempre la stessa ora degli esseri,
sempre le maschere del canto.

Gli esseri,
verso l’interno,
verso il sole più alto della luce,
vanno coi passi antichi,
con la fede sopra le spalle,
come l’unica lacrima
lanciata al cielo.

Vanno all’olfatto della terra,
al bacio dietro le tende,
allo scapolare del passato.

Si coricano, si amano
sopra un’isola quieta,
traducono la polvere della morte
in uccelli solitari
e cercano l’eterno
fra queste quattro pareti.


30 de julio de 2013

Reseña al nuevo libro de poemas de Rafael Rubio: Mala Siembra




MALA SIEMBRA de Rafael Rubio[1]


La Editorial de la Universidad de Valparaíso, recientemente renovada bajo la dirección de Cristián Warnken, ha incluido entre sus primeros títulos de la Colección de Poesía la edición de Mala Siembra, cuarto poemario de Rafael Rubio (Santiago, 1975), uno de los poetas más sobresalientes de la Generación de los Noventa que, como es sabido, es también hijo y nieto de grandes poetas nuestros: Armando y Alberto Rubio. Su producción literaria comenzó con Arbolando (1998), continuó  con Madrugador tardío (2000), Luz Rabiosa (2007) y prosiguió con Caudal (2010).  Este último correspondió a una muestra antológica de 32 poemas, además de uno final inédito del que se transcribió en dicha publicación un pulcro manuscrito. Se trata de Queja:

“¡Señor, cómo nos zumba la miseria!

Hay luz, pero no alcanza para el año.
Apenas queda gallo en el granero
y no hay gallina para el pobre gallo.

¿Solo para los muertos es la tierra?...”

Este poema que cierra dicha antología es justamente el que anunció tres años antes, e inaugura hoy la primera parte de textos poéticos que leemos en Mala Siembra, estructurado en ocho secciones que construyen un discurso lírico que se extrañaba en la poesía chilena actual, ya sea por su original visión crítica, como por su depurada forma expresiva, que ya Rubio venía entregándonos desde sus primeros poemas. Basta recordar cómo nos sorprendieron, y en algunos casos aprendimos de tanto degustarlos, su Autorretrato, Los Trigales, Elogio a la Cerveza o sus conmovedoras elegías en Luz Rabiosa. Por eso no es de extrañar que hoy su nuevo libro de poemas traiga consigo la voz de un estilo maduro, preciso, sentenciador y ansioso de enfrentar el modo en que el hombre convive con su naturaleza, su entorno inmediato y su fe en tiempos de la archimodernidad. Un mundo al que se opta verlo, preferentemente, desde la sextina, la estrofa sáfica, la lira, el soneto, como si dichas composiciones poéticas (“edificios que ya no habita nadie” o “sobras del festín”) no fueran sino tomar de la mano lo mejor de la tradición poética de la España del siglo de oro para hablar del hombre y la mujer de hoy con sus contradicciones permanentes que los ciegan, en un acto creativo de fidelidad y coherencia con opciones estéticas que, al decir del poeta Carlos Germán Belli en su prólogo a la obra, van contra la corriente, pues “estamos, en el presente, en las antípodas del poema libérrimo”. Quizá excesivamente más lejos de la naturaleza primitiva del verdadero canto poético, como si solamente nos quedaran algunas imágenes sueltas, muchas veces prosaicas, alejadas de todo núcleo o contacto vital con el poema.

Desde la primera parte, La queja, se empieza a presentir la caída de semillas poderosas que estimulan el exhorto a Dios y el habla de una queja creciente que recuerda lo telúrico y desgarrador de otras poéticas nobles como las de Darío, Mistral, Pezoa Véliz, De Rokha, Anguita o Rosenmann-Taub: la posición del hombre frente a una vida falseada; agobiado por el miedo, la avaricia, la incomprensión, el fastidio, la pobreza espiritual, la carencia de mundo interior, los conflictos internos, la indiferencia, la injusticia; y agobiado hasta por Dios, de quien se espera el trueno que arrase con todo. La sentencia será que, tras el término de un modo de vivir y de pensar la existencia sobrevendrá el arranque de nuevos días, aunque “nunca hubo otra casa que la muerte”; pese a lo cual el hablante lírico insiste hacia el final: “¡Yo quiero estar naciendo siempre, siempre!”.

Son variados y conmovedores los versos que sentencian estas realidades. A cada paso el hablante lírico, personificado después como el calmo pastor Títiro de la égloga virgiliana, se detiene para manifestar lo repugnante del escenario social en el que interactúan la “muerte viva” del hombre cosnciente a quien se le ha confiscado su tierra y aquel que es inconsciente, es decir, sin interés alguno por cultivar una conciencia personal y  colectiva, además  del desprecio que atrae el desdén por el otro, como si este no existiera: “Dichoso el pobre, que es apenas una sombra/ y más el rotosiento, porque ese ya no siente” (Consuelo: a partir de Lo Fatal de Rubén Darío). De ahí el clamor del rayo para que zumbe el trueno e intervenga la divinidad para cambiar el estado de dichas condiciones repudiadas por la voz poética que, en Renuncia, reconoce: “Más que diez siembras valen cuatro huesos de un muerto. / Diez hambrientos no valen lo que nos vale el rayo”. Es tanta su necesidad de denunciar la realidad que, por ejemplo, alude al enfermo en Sala de hospital y lo contrapone en una perfecta ilación al poema siguiente: La hospitalidad. Enuncia en el primero: “Se ha agravado la luz y no hay remedio. / ¡El silencio es una sábana blanca/ sostenida en el aire por los ojos”. Asimismo, en su afán de asumir desde lo lírico lo impactante de los hechos, escribe el poeta desde la conmoción del incendio de la cárcel de San Miguel en El incendio:

“Danos la muerte, Señor.
Danos la venia del fuego.
Que allá va el encerrador
y acá queda el carnicero”.

La práctica de escritura poética medida sujeta a la tradición –tan menospreciada o evadida por el poeta sin oficio que suele recluirla a una suerte de práctica anquilosada o antojo nostálgico- es muestra de dominio y oficio del poeta, pues lo obliga a la contención del decir creativo que sigue un ritmo interno, capaz de la musicalidad y de la expresión sonora y cantante del verso. Tal condición se hace viva, latente y característica en los poemas que articulan un territorio lírico donde el cuerpo textual orgánico dialoga con su inmediatez, su entorno afectivo, su crítica y ética del malestar, que despierta con gran fuerza expresiva la queja velada o manifiesta con que el hablante lírico se expresa en torno a la injusticia, los abusos y la indolencia. Es por ello que abundan recursos retóricos de gran belleza auditiva como las aliteraciones, las anáforas y las reiteraciones: “¡Y el hambre le da su sombra/al hombre de mala siembra!” o “De la cosecha, la hembra/ vuelve con hambre de sombra!”, porque  es “¡Mala cosa, Señor, mala cosecha!” que aquello que ha nacido para ser no sea finalmente: “Da la fuente su agua, pero el agua/ no cría los corderos”.

Así, a medida de que el recorrido va espesando los mensajes, el hablante avanza con preguntas hasta volverse “Corajudo” cuando son los resultados de las acciones los resultados de un modo de ser y sentir: “Miedo al relincho, pero no al caballo (…)”, “Miedo al rugido/ pero no al león”.  Luego se llega a la serie “La familia”, en cuyo seno la fiesta es posible, aunque después “escarba el padre con rencor la tierra” tras la partida del hijo. Pero son dos los poemas de esta división del libro en donde encontramos lo mejor de Rubio: Hermana y Elegía a Armando Rubio.  Entrañables y emotivos son los versos octosílabos siguientes:

“¡Hermana, que estamos negros,
que estamos negros de pena!
La tierra parió su musgo
y el musgo parió a la piedra,
como la vasija al cántaro,
como el relincho a la yegua,
¡como la herida a su látigo,
como al caballo la rienda!”

Y la reiteración lírica de los versos que zumban y zumban en la elegía al padre:

“¿Estabas ahí cuando te pusieron en tu tumba?
¿Estabas ahí cuando te pusieron en tu tumba?”

Concluye:

¿Estabas ahí cuando te pusieron
en tu tumba? ¡Dime, padre!”

Entre los elementos concretos que trazan el universo lírico, se aprecian también, como piezas perfectas de una constelación de sentido humano, términos cuyas cargas semánticas aluden a la rabia, la soledad, la muerte, la pérdida y la tristeza como elementos vitales en los que vive la voz y la conciencia crítica del hablante, sin olvidar el sentir religioso que lo impulsa.

Es llamativo que algunos de estos elementos aparezcan con insistencia en los poemas, evidentemente con la intención de alcanzar coherencia con un poema extenso que va dibujando un fondo, un boceto donde la realidad ocurre: sopa (sobre todo la que se enfría), gallo, perro, yegua, mosca, moscardón, sangre, padre, hermana, enjambre, piedra, dientes, sin disminuir la intensidad con que son dichas o repetidas como para marcar o indicar la persistencia de los golpes que, como en el gran Vallejo, “caen fuertes…”y se forman parte del relincho, del grito, del temblor, de la lengua, pese a que “las piedras no se dejan conmover tan fácilmente”.

La idea de conjunto y la de unidad o individualidad confrontan en muchas ocasiones el caudal de paradojas o desarrollo de contrarios con la aparente intención de mostrar lo perdidos que, como sociedad, estamos:

¡Los enjambres andan huérfanos
y no hay panal ni colmena!

Más tarde, el diálogo enriquecedor y clarificador es con Títiro en Los discursos. La palabra torna a su realidad y abre posibles salidas, aporta la comprensión de la invocación inicial. Se oye cómo encara la verdad en El derrumbe:

“Mas, tus estrofas sáficas, escritas
en horas de penumbra, son leídas
cual meros documentos de una época
difícil, pero digna de memoria.”

En tiempos en que algunos advierten un distanciamiento de la poesía ante la realidad del hombre actual, Mala Siembra prueba lo contrario al construir un universo poético en donde la crítica esencial se centra en la miseria y la pobreza humanas, no solo observadas sino vividas, que alcanzan variadas connotaciones en tiempos “en que escasea el alma y sobran cuerpos”. Alma que por lo demás “es patrimonio de los ricos”, aunque “el pobre será rico en su pobreza”, porque el hombre ha perdido el norte, ha perdido perspectiva, la cercanía y valoración de lo inmediato y familiar que conviven con lo trascendente o la necesidad de ello. Regresar a dicho cobijo y a su historia, a un encuentro real con la divinidad, a estar presente en la vida son las posibilidades más ciertas que la voz poética de esta obra propone como rescate o salida a un entorno humano que olvida su tierra donde siembra y ha sido sembrado, la verdad, la justicia y la fe, tal como se afirma en Plegaria:

¡Dame, Señor, por fin, tu peñascazo
Antes que me lo den las emperradas!
Si yo soy caballo y tú el guascazo
¡Tú eres la piedra y yo soy la pedrada!


Podemos afirmar, finalmente, que Rafael Rubio escribe desde siempre, desde la sangre, desde la herencia, desde la poética suya ancestral que cobra cuerpo textual en el poema. Mala Siembra es muy de tierra y de verdades para el hombre a quien le falta y sobra todo. Al parecer, despertar tras el rayo y el trueno es el primer avistamiento de una salida a la indolencia y a la pérdida, “porque en la sombra el hombre aguza el ojo/ y el ojo azota más que la pedrada”.

Como vemos, hay mucho por decir todavía acerca de este valioso poemario que, como toda obra lograda que se aquilata con el tiempo, irá diciéndonos más acerca de la vida, de nosotros mismos y de los misterios que nos acompañan, para lo cual la poesía está hecha.



Cristián Basso Benelli
Santiago, invierno de 2013






[1] Rubio, Rafael: Mala Siembra. Editorial Universidad de Valparaíso, 2013, 171 páginas. Edición al cuidado de Ernesto Pfeiffer Agurto.

16 de noviembre de 2012

Ernesto Cardenal, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012


La persona
más proxima
a mí

eres tú
a la que
sin embargo

no veo
hace tanto tiempo

más que en sueños.
Ernesto Cardenal


Imagen del poeta disponible en: http://www.google.cl/imgres?um=1&hl=es&sa=N&biw=1440&bih=799&tbm=isch&tbnid=WmndPErODbbBLM:&imgrefurl=http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/71109&docid=CGoGQtQKz4wUrM&imgurl=http://photos.end.com.ni/2010/03/639x360_1269586671_ERNESTO%252520CARDENAL%2525206.jpg&w=639&h=360&ei=tWGmUIeVD4uw8ASS9oHgBQ&zoom=1&iact=hc&vpx=200&vpy=501&dur=674&hovh=168&hovw=299&tx=197&ty=73&sig=104223697592894027429&page=1&tbnh=147&tbnw=259&start=0&ndsp=30&ved=1t:429,r:16,s:0,i:130

Participación en Seminario de Literatura Infantil de la Universidad de las Américas

Durante la realización del Primer Seminario de Literatura Infantil: el desafío de los nuevos lectores, presenté la ponencia
Encantamiento poético en la infancia: dimensión lírica y reflexiones pedagógicas
en torno a La ladrona de lágrimas de Carol Ann Duffy

Cristián Basso

Parte de esta intervención es el fragmento que viene:


Desde la infancia, compartimos con el lenguaje una relación natural de descubrimiento permanente. El asombro de existir anima nuestra curiosidad intuitiva, que va sumando realidades nuevas gracias a la palabra recibida del entorno inmediato en el que nacemos, y desde la cual surgen múltiples “vías de encantamiento” que enriquecen la imaginación y ofrecen respuestas lúdicas a nuestro reciente “estar en el mundo”. Así lo evidenciamos en la literatura infantil clásica y lo reafirmamos también en las actuales tendencias literarias destinadas principalmente al público infantil, en particular en aquellas en que la presencia de recursos poéticos motivan la construcción de personajes y narraciones de admirable creatividad, tal como ocurre con La ladrona de lágrimas de Carol Ann Duffy, relato originalmente escrito en lengua inglesa, con bellísimas ilustraciones de NicolettaCeccoli, y publicado en español en 2010.

La autora de esta singular historia de trasfondo lírico nació en 1955, en Glasgow, y actualmente imparte clases de poesía en la Universidad de Manchester, pues su oficio principal es la escritura poética, arte que cultiva desde los once años, estimulada en la escuela por sus profesores de lengua. En esta época comenzará una producción literaria valiosa e ininterrumpida hasta hoy. En 2009, fue reconocida como Poeta Laureada de la corte de la reina Isabel II de Inglaterra, honor que le ha exigido –no sin provocar más de alguna crítica entre sus pares poetas- escribir poemas por encargo, destinados, por ejemplo, a conmemorar la muerte de los dos últimos soldados ingleses que combatieron en la Primera Guerra Mundial, o a referir, como motivo lírico, las consecuencias nefastas del cambio climático que sufre el planeta, o recordar la catástrofe producida por las cenizas de un volcán islandés, o dedicar sus versos a las víctimas del VIH SIDA. También sus poemas deben fijar en el tiempo las celebraciones de la familia real británica, razón por la que incluso escribió un poema con ocasión de la Boda Real entre Guillermo de Cambridge y Catherine Middleton. Pero estas son tareas de la Poeta Laureada, que además ha obtenido los premios T. S. Eliot Prize, Costa Book Awards, entre otros. Su obra literaria viene proyectándose desde los setenta, a través de publicaciones de poemarios, obras teatrales, guiones para radio y relatos infantiles. Entre ellos, La ladrona de lágrimas cuenta con especial estimación por parte del público lector infantil y adulto.El argumento se construye en torno a la ladrona de lágrimas, un personaje invisible, mítico, conocido por los niños y niñas a través de la voz de sus padres, “silenciosa como el humo” y “discreta como una nubecilla de vapor”, que al anochecer recorre la ciudad encaramándose en las copas de los árboles y saltando entre los tejados de las casas para cumplir un objetivo especial, un trabajo único, diferente: recoger las lágrimas de los niños que lloran por diversos motivos, con el propósito de cargarlas en un saco impermeable para alimentar con ellas el brillo de la luna.
“-¿Ves?- dijo la madre-. La ladrona de lágrimas acaba de pasar por aquí.
Entonces, madre e hijo rompieron a reír”
(Carol Ann Duffy:  La ladrona de lágrimas, Vicen Vives, 2010)

Esta tarea iniciática del personaje contiene elementos líricos que configuran una atmósfera narrativa tenue, que tiene lugar en un paisaje urbano, de claroscuros, en los que el narrador presenta la trama con la delicadeza y la evanescencia del llanto, provocando un efecto estético inquietante, que se aviva cuando se aleja el ruido citadino para crear las condiciones que requiere su aventura, aspecto que consigue el narrador recurriendo a palabras del repertorio romántico: burbujas, aire, gotas, lluvia, nieve, suavidad, pena, noche, lágrimas. Esto es, términos alusivos a lo que nace y rápidamente deja de existir, como mecanismos de acercamiento al misterio, sin la intención de dilucidarlo para no extinguir la magia.

A la vez, la trama alcanza grados de verosimilitud que el niño lector implícitamente pacta con el texto. Por ejemplo, cuando el personaje logra su cometido al calmar el llanto de los pequeños, “porque a la ladrona de lágrimas el único sonido que le interesaba era el que hacían los niños al llorar”. 

Todo está formulado a través de un lenguaje poético directo, sinestésico, en el que abundan comparaciones, imágenes y metáforas que enriquecen la expresión y propician el espacio óptimo para que deambule por la ciudad buscando lágrimas de infantes.

Para Ivonne Bordelois, recurrir a la palabra “infante” es injusto, porque in-fante significa etimológicamente “que el niño no puede o no sabe hablar”, condición que se contrapone con su experiencia de inquieto hablante que poetiza el entorno desde los primeros balbuceos, gruñidos y bisbiseos, algo que para los poetas dadaístas constituía un acto poético esencial que antecedía al origen de la palabra, un contacto vital que hila el lenguaje y articula el misterio de la poesía en una suerte de “estado embrionario”, en el que se encontraría un estado puro de lo lírico. Por ello, cada vez que nacía un niño, ellos lo visitaban para tomar nota de sonidos primigenios, casi una técnica auditiva de futura inspiración lírica.

Dicho interés se asocia con este relato en cuanto a su enorme fuerza rítmica, ya que uno de los sentidos que más estimula su lectura es el auditivo: se oyen conversaciones de familias, “ruidos que hacían quienes preparaban la cena”, el vaivén de las cortinas. A la par, la atmósfera ofrece “deliciosos aromas de sopas y guisos, carne asada y pastel de almendras”, sumado al aroma de las cebollas, su alimento predilecto. No es de extrañar este uso, que responde a lo que Sylvia Puentes de Oyenard sostiene: “el niño juega con las palabras, las repite, las cambia, les da otra acepción, las transforma y en ese caracoleo de vital trascendencia tan solo busca el placer auditivo” (Puentes: Poesía del absurdo).

Los elementos poéticos presentes en este relato son variados. Desde el título, la historia misma parece el alargue de una gradación que desdibuja la acción mediante el desarrollo de la aventura: la descripción del personaje es ilustradora de su fragilidad, de su estar y desaparecer como rutina: “la ladrona de lágrimas era invisible, pero si alguien miraba hacia un charco justo cuando ella pasaba por delante, podía verla reflejada en él”, o bien se patentiza cuando el narrador detalla que “tenía el pelo blanco, corto y en punta, y unos grandes ojos grises”. Pero ella, en su discreta vagancia, se transforma en mito urbano que los niños creen sin cuestionamiento, un detonar mágico que recupera el estado anímico alterado por una rabieta, un capricho o una pena.

Ella, cada vez que aflora el llanto, visitará las casas de la ciudad donde habitan niños. Una ciudad que se alista a bajar el volumen del ruido cotidiano, es decir, cuando el ambiente se ilumina de farolas, de luces de lámparas que se prenden y apagan en cerradas habitaciones, o un automóvil que pasa de pronto, o el humo oscilante que emerge de algunas chimeneas. La calma de una ciudad que se apronta a dormir mientras que en las pozas que ha dejado la lluvia pueda advertirse el veloz recorrido de la ladrona de lágrimas.

28 de septiembre de 2012

Creaciones de Karina García Albadiz


Fragmentos

A Lezama Lima


Del oído al caracol y al oído del caracol de nuevo como el salto de lo fácil a lo difícil, en ese instante mismo en que sea capaz de abolir lo público y lo privado porque decimos íntimo a todo lo que se nos es­capa: Máscara y Río. La intimidad en lo colectivo. Encontrar la muer­te en ese sueño que uno solo ve, abriendo el grifo del pasado para atisbar el salto de conciencia en ese pequeño guiño del áspero final. En esta noche helada: dos llamadas seguidas, mientras un pequeño chanchito de tierra cruza el espacio, silencioso, tranquilo y se pierde… se devuelve ahora infinito, atolondrado, deshace el camino. Lo miro preguntándole de dónde viene tan solo. Mientras tanto configuro la película: esas visiones degradadas entre el vendido y el cobarde, ese tono apocalíptico de depresión convaleciente y la gente se viste para vivir, se viste para morir y se desnuda solamente en lo esperable. Un cuerpo de aromo —recuerda lo que dicen de esta especie— en un solo segundo, una epidemia y para mí su color-olor, revelación hondura para la quebrada. A partir de este instante, todo se concentra y deviene encadenamiento de todas las desapariciones: mi bisabuelo desaparece en una matanza, mi abuelo pierde su camión de fletes, mi papá pierde su taller de bicicletas. El país como ladrón de bicicletas. El cuerpo, “un bosque ideal que lo real complica”, muchos en el desierto, muchos en el mar. (Un cuerpo sujeto-objeto pierde siempre a otros, todos lleva­mos un cuerpo muerto que nos da ventaja).


La Nuez


Arado, andamio, en esta perra construcción que siempre nos espera y aunque logramos abrirnos paso y volar... siempre cemento y tránsito. Red en esta trama humilde ante un objeto humanizado que renace y en este arte de empezar primero, para encontrarnos con el latido de la ausen­cia, la muerte y su vitalidad difusa, mientras las coronas congelan el calor vivo del cuerpo nos asalta la pulsión del recuerdo. Puedo mirar a ese muerto y entender, por fin, qué le falta: la vida, esa vida que le sobra a la muerte. Entonces, enhebro todas las palabras bonitas que he pedido y saboreando la inextinguible antropofágica vitalidad como una penumbra lenta que no duele. Justo ahora que el genio del bos­que llena la ciudad de cenizas, arrebatándonos los mejores momentos del año y no todos los días alcanzan la belleza. Justo ahora, tengo una imagen fuerte: el mundo gusta de la armonía, por eso muchos se sienten inclinados a la con­fianza. Sin embargo –desafiante– el mundo parece decirme: ¡descíframe o te devoro!

6 de septiembre de 2012

Nuevo libro de cuentos de Nadine Alemán


Acaba de editarse en Argentina, bajo el sello Malaspina ediciones, el nuevo libro de cuentos de la talentosa escritora argentina Nadine Alemán. Apenas tenga el libro en mis manos, comenzaré a redactar algunas ideas, ya que su libro anterior "17 cuentos simples" fue el comienzo de nuestra amistad y, por mi parte, de una gran admiración hacia su forma novedosa de narrar.

10 de agosto de 2012

Otro poema de "Alalia"



Orejas


Lo que sé
no es por tu mirada.
Es la vida arrastrándose
a mis pies.
Y la siento venir
detrás de las puertas.

26 de abril de 2012

Celebrando el "Día del Libro" en Boston College Alto Macul

Invitado por la profesora de castellano Irania Droguett, asistí hoy a una velada literaria inolvidable en el Boston College Alto Macul, con el objetivo de celebrar la Semana del Libro junto a profesores y alumnos. En la oportunidad, compartí con lúcidos estudiantes de educación básica y media una de las experiencias mágicas que la vida me ha dado: haber conocido a Alcira Soust Scaffo, poeta y maestra uruguaya que el gran escritor Roberto Bolaño inmortalizó en dos de sus obras: Los detectives salvajes y Amuleto. 

Tras la narración de los detalles de ese encuentro con la poeta, en la ciudad de Durazno en 1992, reuní mis primeros poemas en el libro Alalia. A ella le dediqué este primer poemario, y hoy, al cumplirse veinte años de dicho encuentro, rememoré su personalidad, sus palabras y la fuerza que confirmó en mí la poesía a través de imágenes, fragmentos y lectura de poemas de Manía de hojas, acompañado por la música en guitarra de Emilio, bibliotecario y escritor.

Fue un momento de alegría que confirmó cuán necesario es entender lo que Ivonne Bordelois afirma en su obra La palabra amenazada: "Las lenguas no solo se "emplean", no solo son valores de comunicación, expresión personal o uso colectivo: contienen la experiencia de los pueblos y nos la transmiten, pero en la medida en que estemos dispuestos a reconcoer su capacidad de poder hablarnos.".


Nicanor Parra, Premio Cervantes


La noticia del Premio Cervantes 2011 para el poeta Nicanor Parra enorgullece nuevamente la poesía chilena. Qué mejor homenaje que recordar uno de sus poemas memorables: "El hombre imaginario".

EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario