11 de septiembre de 2008

Liceo Darío Salas convoca a la versión 2008 del Concurso Literario Cristián Basso




















Discurso escrito para la primera versión

Me senté a escribir estas palabras en lo sagrado de la medianoche, y soy el primero en estrechar este día el honor de entrar a mis años juveniles más próximos en nuestro Liceo Darío Salas, en el festejo de su 59 aniversario, a la par de las nuevas voces que hoy serán justamente premiadas en el primer concurso literario que por gran estimación lleva mi nombre.

Agradezco a las autoridades presentes, a los profesores y profesoras, al Departamento de Lengua Castellana que dirige la inolvidable maestra Patricia Frola y, especialmente, a la profesora Alejandra Rodríguez, amiga de años que permanece con su voz y su escritura, y a quien debo la gestación de este momento. Agradezco este viaje que desde la festividad me devuelve los colores de mi educación media, lo vivido por mis hermanos Maximiliano y Boris, también darianos; trayéndome con ello en el vuelo del recuerdo a compañeros y gente amiga que me brindó gran parte de lo que hoy camina conmigo por el mundo.
Regreso a la verdadera poesía, la escrita en la adolescencia, la primera poesía de todo poeta que no se sabe promesa porque es ya una realidad. Regreso a la pasión por escribir y al deseo loco de la eternidad que animó mis poemas en las clases impartidas por entrañables figuras pedagógicas que hoy nos acompañan, de las cuales recibí la palabra creadora y el impulso casi primigenio de la estampa dariana. Porque es así…nunca un dariano deja de serlo totalmente, siempre lo sigue orgulloso su origen, y así lo he comprobado en mis escrituras, mi oficio y mis viajes…
En toda parte me he encontrado con un dariano, contribuyendo a humanizar y alejando excesivos individualismos, desde aquella época en que la hazaña de un premio de poesía iberoamericano me honraba desde Europa, gracias a la vaticinadora insistencia del profesor Matus que confió en mi poesía y me instó a participar, como a ustedes este certamen de aniversario.Ahora, tras recibir la generosa invitación del liceo, me asaltaron de pronto una palabras bandidas…unas palabras que orbitaron en mi anhelo de volver a decir, de re-crear, de sentirme dariano como entonces; saberme formado en esta tierra educativa que proyecta más allá…No quiero con esto caer en los lugares comunes del halago gratuito y de los lagrimones nostálgicos que tanto consuelan al solitario, pero es inevitable para mí valorar alrededor de los días que pasan esta fiesta que fue partir sin abandonar las vitales enseñanzas recibidas. Permítaseme, entonces, la vuelta de mirada…
Aún en mí viven los amaneceres de escritura trepidante en medio de una lección de matemática, la biblioteca a la cual entré muchas veces a recibir el fuego vivo de nuestros autores nacionales y de aquellos que navegaban en las aguas vanguardistas del pasado. Regreso a este auditorio en el cual muchas veces leí aquellos textos gestados en la sala de clases, en los cuadernos ajados por la travesía de viajar desde muy lejos hasta aquí; las conversaciones en el patio central, las comunicaciones, las rebeldes ocurrencias de apagar la luz en las tardes de invierno, la subjetividad del aburrimiento y la sorpresa de la sabiduría, los diálogos con mis pares, ansiosos de ser adultos de golpe, indignados muchas veces con el acontecer histórico, motivaciones que alentaron mis primeros accesos a la literatura, tal como ocurre con los poetas y narradores que hoy llevan la responsabilidad del nombre de nuestro Liceo Darío Salas, como también de la nutricia literatura chilena. Para ellos va mi primer reconocimiento.
Tenemos en nuestra mente y nuestra alma la suficiente fuerza para resistir el suelo resbaladizo. Tenemos la posibilidad de recuperar los sueños y rejuvenecer cuando se cumplen 58 años, como si una magia se nos fuera concedida para fortalecer el prestigio que nos hizo formarnos aquí y que depende tanto de los alumnos, aquellos que ya estuvimos presentes como aquellos que están aún. Tenemos la posibilidad de entender que hoy somos darianos y que esa impronta nunca nos dejará. Tenemos la certeza de no caer en el recuerdo fácil los que ya seguimos nuestro carro; pero tenemos en ustedes sobre todo la certeza del hombre y de la mujer justos, libres y valorativos de lo humano.
José Hierro, el poeta-puente de España, apunta en unos versos que para cantar hay que vivir. Creo, firmemente, que ese canto hoy regresa para quedarse con nosotros que estuvimos esperando su llegada. Un canto que rompa el silencio y nos devuelva a creer. La posibilidad de recuperar nuestros más hidalgos valores como caballeros de nuestro tiempo, como entendedores de nuestra responsabilidad social, como artistas y hombres que asumimos sin temor el develar las crisis de nuestro tiempo.

Muchas gracias,
C.B.B.

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