11 de septiembre de 2008

Es tiempo de Samir Nazal: tras su muerte renace su obra literaria


Los miércoles de Samir


Los miércoles siempre fueron de Samir. No sé qué había en ellos, pero solían congregarnos en su departamento de Toesca, en la delicia del fresco aire del alba, tras noches vivas de conversación, confidencias, poesía y mucha Mistral desde el inicio. Y como fueron días suyos, murió el miércoles 4 de junio de este año. Somos varios los inconsolables, están nombres presentes. No nombraré ninguno por ahora, para no olvidar a nadie. Sólo mencionaré el cobijo y el cariño con que su familia nos ha tratado a los hijos putativos. Gracias Samir-sobrino, gracias Ramsa, gracias a todos y todas. Gracias a Virginia. A tantos. Abrazos fuertes.


Con Samir
No sé qué acordaron nuestros destinos para darnos la gracia del encuentro en el glorioso año del encuentro de 1993, cuando aún yo era un alumno que no soltaba la bufanda ni la escritura de poemas en cuadernos de liceo, y me empezaba a familiarizar con el café fresco y los berlines de crema conque me esperaba en ese espacio edénico mi gran maestro, mi fidelísimo padre, mi dador de palabras y ritmos, hasta ahora que ya no puedo gritar desde la calle que me lance las llaves para subir a abrazarlo y recibir sus ritos de afecto para el hijo suyo que soy y que ha quedado a la deriva, aunque la fuerza suya me siga latiendo como un verso nuevo.


Lo primero que conoció de mí fue una edición hechiza de Alalia, mecanografiada en una Underwood heredada de mi tía abuela Alisa, que le llevó un amigo de mi hermano gemelo; lo primero que conocí de él fueron advertencias ante su juicio crítico, la brillantez de su intelecto y la severidad conque podía abordar la lectura de mis textos. Tuvo durante unas semanas el libro empastado con letras doradas borrándose, en cuyo interior figuraban ilustraciones a grafito y un orden que yo ingenuamente creía terminado. Al pasar los días, recibí una invitación suya para visitarlo en una librería de viejo de la calle Manuel Montt, frente a Providencia. Y fui. Más allá del primer temor de su crítica, tenía ansias de conocerlo. Ya me era mítico y quería saber más sobre él. Nunca he conocido a nadie más afectuoso en mi vida, más alegre y más pro-amor a la vida. Gustaba de abrir las puertas de su casa a quien lo visitara. Y se convirtió rápidamente en padre de aquellos que no lo tuvimos. Generoso hasta la saciedad, preocupado de cada paso de nuestros destinos más privados y públicos; conversador y entusiasta, lúdico, ingenioso, artístico, trágico, malhablado y solemne. Admirable en cada conversación.


Aparecí en la librería con timidez. Él me indicó una silla, me saludó afectuoso y me dijo "eres un palabrero, pero un gran poeta. Hay que pulir mucho". Luego hablamos de lecturas, de proyectos, de ideas y me desafió a continuar de memoria la lectura de algunos poemas de Gabriela Mistral que él admiraba mucho. Tuve suerte. Al cabo de dos o tres versos dichos por él, yo continué de memoria lo que restaba para concluirlos. Esa mañana fue inolvidable. Aún lo veo reír, encantarse verso a verso, café tras café, palabra tras palabras. Yo estaba maravillado por su conversación, fue un "satori" (como decía él, es decir, "una iluminación") sentirme al fin al centro del corazón de mi familia. Lo supe un padre y amigo de inmediato. Y lo seguí siempre, durante los quince años restantes de su vida carnal.


Primeros atisbos de la memoria
Más adelante, conocí varios de sus amigos más cercanos y compartí a menudo con su entorno cultural y personal como Andrés Pérez, León Pascal, Daniel Pizarro, Luis Alberto Mansilla, entre tantos otros. Fui un hijo que educar. Y me educó hasta el último día que compartimos. Me hizo partícipe de lecturas públicas, me instó a trabajar de modo sistemático, pasamos muchas noches leyendo, riendo, llorando, contándonos historias, analizando lo inmediato, acechados siempre por el amanecer. Corregimos con entusiasmo mi segundo libro y pasamos juntos historias que poco a poco irán aflorando, tras las pausas del dolor que me impiden escribirlas por ahora. Pero fueron años de gran fuerza, de "tristuras" como él las llamaba ; y de la "fiesta de vivir" a que siempre me invitó. Cuando cumplí 30 años, y yo anhelaba trabajar en el tercer libro, me entregó la libertad para trabajar solo, porque ya estaba preparado para ello. Según sus palabras, era impresionante cómo yo llegaba hasta su casa con textos nuevos, haciendo correcciones que él habría determinado para ese proyecto poético. También le ha ocurrido a otros escritores y poetas jóvenes de la época, algunos de la Generación de los 90 que, al igual que yo, recibimos de él tanto que agradecerle. Quienes lo conocieron de verdad, saben lo que nos significamos uno para el otro. No corresponde que yo haga alarde de ello. Me quedo con su imagen viva, el llanto sin parar que me dejó su muerte, el júbilo de ser uno de sus discípulos más próximos y la poesía como destino que, al abrir la puerta de su departamento, para toda la vida me regaló. Recuerdo, por ejemplo, la lectura que hizo de su "Carne sola". Para mí, y fuera del lazo afectivo que me une a él, es uno de los más grandes escritores de la lengua española actual.


Extrañamente, este año fue el del desprendimiento. Amar al maestro y desprenderse de él es uno de los sinos más dolorosos a que me enfrentó Samir. Era el costo de acompañarlo tanto. Durante los dos últimos meses yo trabajé en silencio mi tercer libro, pensando que esta vez Samir debía conocer el resultado y juzgar el proceso. Sentí que debía liberarlo del agobio de pulir, pero una semana antes de llevárselo, él moría en su cama. Quizás haya sido una aprobación para el texto. No lo sé, pero fue increíble leer después de enterarme de la horrenda noticia de la "disgregadora impura", todo el sentido que alcanza aquel poema. Quedo con la satisfacción de que no es un poema post-mortem pensando en él. No. Es un poema que tendré que leérselo apenas nos encontremos otra vez. Bendito seas donde estés, adorado y admirado padre mío. Nos quedará levantar la casa del fulgor de tu obra literaria. El mundo recién presiente esa avidez.

2 comentarios:

JANETTE dijo...

hola profesor, es un orgullo saber que una persona como usted se acuerde tanto de una persona cuando hay otras que no lo hacen.
muchas veces los seres queridos no estan con nosotros en esta tierra, pero queda la certeza de que siempre van estar en nuestros corazones. Me conmovió
el relato de samir nazal, ya que para usted fue una persona muy valiosa y que dió todo a sus alumnos él era una persona admirable para todos ustedes pero personalmente para usted lo fue mas.
se despide cordialmente
Janette M.S
PD:ya que para usted es una persona admirable samir Nazal, usted para mi es lo mismo.

JANETTE MARILEO dijo...

disculpe se me olvidó darle mi correo electronico para que me visite virtualmente.
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