17 de noviembre de 2010

"Manía de Hojas o la búsqueda de la totalidad" por Nadia Norambuena (Presentación de la obra en el Instituto Italiano de Cultura, 2010)


Manía de hojas, creación poética de Cristián Basso, merece entre sus lectores un doble reconocimiento. En primer lugar, porque es una invitación a la relectura de Alalia, primer poemario publicado por el autor en el año 1994. En segundo lugar, porque tras un periodo de silencio, el poeta regresa acompañado de poemas de sumo lirismo. En ellos la soledad, el desasosiego del hombre moderno, la búsqueda de lo pleno, la esperanza de recuperar el sonido para nombrar al mundo, la nostalgia y el perdón encuentran la forma de ser expresados. Y hasta lo más oscuro consigue en la palabra de nuestro poeta tener luz.

Me propongo tomar la obra de Cristián Basso y, con el mayor respeto posible, ofrecer un breve estudio del imaginario poético que en ella se revela.

Para comenzar, hago una importante aclaración: Manía de hojas es una obra que se divide en tres secciones: Alalia, Coméntame si estoy contigo y Manías. Una lectura atenta nos descubre que dicha división no es azarosa, sino que, muy por el contrario, responde a tres momentos claves de un movimiento vital marcado por la búsqueda. Y será la búsqueda incesante de lo que no se tiene la que irá dando forma a un encuentro de espacios opuestos.

En Alalia, se cita a Gabriela Mistral para iniciar este movimiento vital comentado antes:

En la luz del mundo yo me he confundido.

Las palabras de Mistral se convierten en la llave que nos permitirá ingresar en un mundo novísimo, se trata de los primeros versos del poeta, quien tempranamente consigue transmitir una personal visión de lo que lo rodea y asignarle un nombre: Alalia.

En los poemas de Alalia es tan clara la irrupción de la soledad, que no hay un solo verso que no la mente, ella es la matriz desde la que se gesta el nacimiento de dos espacios opuestos entre sí. Espacios que logran ser poblados lentamente gracias a que el sujeto poético insiste en ciertos vocablos. Así es como el primer espacio lo pueblan una casa, un dormitorio, una cama, una mesa, un mantel. El resultado inmediato es la conformación de un espacio mínimo, cerrado y concreto. Ante él pronto se alzará su contrario, un espacio magno, abierto y abstracto, poblado por el mar, la noche y la muerte.

Los poemas de Alalia no saben de fatiga, cada uno de ellos nos comunica que la existencia dentro de espacios cerrados acongoja a los seres nacidos bajo el sino de la búsqueda. Las imágenes de falta de cobijo se suceden sin pausa. Los versos van golpeando con tristeza puertas que no se abren. Afuera el atardecer es largo; adentro el hombre oprimido por el espacio cotidiano se reconoce como cápsula de zumo cristalino.
Y ser cápsula de zumo cristalino en el imaginario del poeta significa que la soledad no puede conformarnos. Por eso Alalia es ansia de expansión y obligación de huida desde el espacio acostumbrado que asfixia -casa, dormitorio, etc.- a uno inexplorado. La búsqueda ha comenzado y lo más próximo y a la vez distinto es el entorno natural, único escenario para las epifanías. Las visiones imposibles y transformadoras comienzan, el renacer parece ser posible sólo lejos de una casa que nunca es hogar, de una cama que no abriga, de un mantel que debe ser lavado. Las visiones, repito, comienzan. Cito a continuación un extracto del poema Abriendo el higo, al que personalmente considero imagen exacta de estas revelaciones que, al parecer, son sólo fortuna de la Naturaleza:
Abriendo el higo


Abrí la carne del higo;
una espesa noche me sucumbió de sabores;
Abrí la carne del higo
y al abrirla
no fui el mismo.

Alalia nos permite, especialmente a través del poema anterior, comprender que la huida tiene sentido cuando accedemos a una visión de lo nuevo. Los frutos, como el higo, muestran su esencia y transforman al hombre. Se vence la prima soledad, porque la Naturaleza es ahora el refugio, es espacio abierto y recuperación de la voz. Despierta la capacidad de nombrar a los seres que habitarán al mundo hallado. Como dice el poeta en el poema “La tierra no sabe morir”:

Vienen
como quejidos de pájaros
los nombres.

El mar, la noche y la muerte son los nombres para los seres del nuevo espacio. Sin embargo, será imposible arrancarles su profunda significación. Como toda la tierra, el mar, la noche y la muerte no saben morir. Son potencias sin medida ante las que el hombre no tarda en sentirse abatido. El que huía, ¿cómo sobrevive en medio de lo magno?, ¿cómo logra el hombre, criatura apenas, no asistir al ahogo de la voz recuperada? ¿Cómo no sentirse infinitamente pequeño y sin sonido ante la elocuencia del mar, la noche y la muerte?

El poeta, en su condición de vate, sabe la verdad, por eso responde a estas interrogantes a través de su poema “Delirio”, del que cito los siguientes versos:

Ahora todo está en juego
(…)
y si no muero
es un milagro.

Sólo un milagro puede asistirnos cuando hemos elegido que nos guarde la Naturaleza, tan inmensa, tan plena, que la voz humana sólo sabe la verdad de callar… “Alalia”: ausencia del habla, pérdida del lenguaje. ¿Hay un mejor nombre para un conjunto de poemas que impelen al hombre a huir desde el silencio de una casa al abstracto escenario de lo natural ante el que no nos queda más que guardar un forzoso silencio?

La obra de Cristián Basso es, en esencia, manía de hojas que no se detiene, y con ello parece expresarnos que es inagotable el hombre en su ansia de búsqueda. Coméntame si estoy contigo, segunda sección del poemario, insiste en el motivo de la huida y la búsqueda, movimiento humano vital que descubre este estudio. La reiteración del motivo dará lugar nuevamente a la configuración de dos espacios opuestos. Y nuevamente los poemas nos propondrán un viaje, cuya clave no será la soledad, sino la potencia del placer hallado.

Coméntame si estoy contigo abre un verdadero diálogo en el que el yo es espacio cerrado hasta el instante en que descubre al placer como la potencia que lo impulsa hacia la huida de sí en búsqueda de un tú. Mientras no se inicie la búsqueda y se logre el encuentro, el sujeto poético le habla a un hombre dormido, en un sueño consigo mismo que le impide ser.

El poema “Esperanza del cacto” crea una excelente imagen de aquellos seres que están próximos a la huida y su consecuente transformación. Antes, eso sí, duermen en una especie de encierro consigo mismo:

Esperanza del cacto
¡Duerme, cacto,
llegará tu hora
de soñar el movimiento
lento de tus hojas!

Saldrás del macetero
agudo que te cansa.
La tarde en el crepúsculo
te aceptará la mirada.

Y sí saldrá el yo de sí mismo al encuentro del ser que sea su nuevo refugio. Mientras no arribe a lo nuevo, aquello lejano será promesa de un espacio abierto, y, por ende, dispuesto a recibir el placer que está impulsando al movimiento.

La sensualidad que recorre los poemas de Coméntame si estoy contigo le da fuerza a la hipótesis de que el placer es un puente para el hombre que lo libera del natural encierro en sí mismo para comunicarlo con el mundo. Es en esta sección del poemario que cobra volumen una de las temáticas más importantes que cruza la poesía de Cristián Basso y que ya se pudo percibir en Alalia: la huida del dolor y la humana búsqueda de la totalidad. La totalidad parece, eso sí, ya no habitar en la Naturaleza, sino en el encuentro de los cuerpos y sus historias. Pareciera que los padecimientos connaturales a nuestra raza perecieran ante la fuerza del Eros.

En relación con lo afirmado antes, cito el soneto “Perros solares”, sin duda una de las obras magnas de este momento que analizamos, no sólo por el dominio cabal de la estructura, sino por las imágenes de profundo erotismo a que da lugar:

Perros solares

Esta jauría alegre sobre el pasto
rebana en lonjas el amanecer.
Son distantes de todo padecer
y tan estrechos en el cielo vasto.

Patas arriba retózanse y lamen;
son oscilantes cuerpos sin edad,
y para siempre la felicidad,
girando como olas por el parque.


Pero Eros es una deidad especial, fruto de la abundancia y de la pobreza según Platón, no sólo tiene bajo su tutela los buenos amores, sino también los trágicos. Tal vez, por ello, “Coméntame si estoy contigo” guarda en sus entrañas un tono de desesperanza. Tornándose el movimiento por momentos dramático, como si se intuyera de algún modo que el tú que se busca es espacio abierto sólo en su calidad de promesa de encuentro, pero se cierra toda vez que reparamos en su condición natural de ser otro. Finalmente lo que se busca es la totalidad, una que, no obstante, atrae por estar ubicada en la otredad. Y la otredad es siempre distante. De este modo, la búsqueda, por momentos frenética, se topa con el obstáculo de esperar el hombre las verdades lejos de sí mismo.

En el poema Limosna, sus versos son la visión de este sin sentido que crece ante el choque con un tú que es espacio cerrado, negación de cobijo. Cito un fragmento:

Limosna
En esta mano
no cae nada
ni el pan
ni el agua
ni la moneda.
(…)

¡En esta mano
cayó la muerte
y la palabra!


En la tercera sección denominada Manías, el poeta retoma parcialmente el título de su poemario como si de este modo nos anunciara que el movimiento vital iniciado en Alalia tuviera que resolverse por fin. Manías no completa el título porque lo hará cada una de sus hojas, lentamente, a través de cada poema. Es un imaginario poético que comienza a completarse, que ha madurado hasta generar un cambio en la mirada. La búsqueda, motivo esencial de toda la obra, se retoma ahora gracias a las primeras palabras pronunciadas muchos años atrás por don Alejandro Benelli Bolívar: Hubimos de ver y comprender esa Babel del laberinto.

Cristián Basso Benelli, respetuoso de sus antepasados, se reconoce como heredero y desde esa condición, con fuerza, consigue que sus poemas construyan los dos últimos espacios desde los cuales será posible iniciar y concluir la búsqueda. La clave será el tiempo, que de él ya nos dice algo la cita antes leída. ¿Por qué recurrir a los antepasados para iniciar la última etapa de su obra? ¿Qué mundos comienzan a tomar forma? Que por ahora nos baste saber que es el tiempo la potencia creadora de dos espacios opuestos entre sí.

Con Manías, la poesía entra en un nuevo estadio, luminosa, más clara, hasta adoptar el tono de rezo. El dominio del lenguaje es total, las palabras vienen al encuentro de lo que se quiere decir. El poeta vence la Babel del pasado mítico, vence el laberinto de la urbe, el ahogo de las calles y de los recuerdos. Construye su propia torre y desde allí con el verbo conquistado alcanza el cielo de su propio imaginario. Atendamos sólo un momento al descubrimiento del poder del lenguaje en un fragmento del poema “Manía de hojas”: Las palabras las regala el día, / Saben vivir. Saben el flujo, orientarse en los rieles del dilema, / ser el efecto de Dios.

El poeta ha descubierto que su dominio está en el lenguaje -que recupera con fuerza después de Alalia-. Su propia torre hecha de palabras le permite atisbar desde el presente -primer espacio- al pasado -segundo espacio-. Y con total conciencia de que el presente es el único espacio para habitar, cada verso será en Manías la oportunidad de buscar en el pasado los fantasmas, los seres ya idos, las historias vividas. La mayor revelación es que la búsqueda esta vez no será huida, porque cuando descubrimos quiénes somos nos satisface el encuentro con nosotros mismos. Con todo, saldar es ahora la clave. El ayer no puede quedar abierto cuando el hombre repara en sí y su capacidad de estar abierto al mundo.

La captación del pasado se logra con un lenguaje benévolo. Sin ambages, se entra en él para perdonar o rogar. Es que uno mismo también puede ser espacio ideal de otros cuando se comprende la magnitud de lo que somos.

En “Oyendo a Carpenter’s”, una de las creaciones más admirables de nuestro poeta, se logra entrever esta comprensión que Manías busca revelar a través de una poesía transformada en rezo. Cito un fragmento del poema:


Oyendo a Crapenter’s

Te ofrendara el mismo cuerpo,
tuyo o mío, mío o tuyo,
para que hablaras de nuevo de tus sombras
y fueras feliz,
como yo, oyendo a Carpenter’s.

Leemos y comprendemos que no tortura lo que ya fue si logramos, a través del perdón o el ruego, situarlo en su justo lugar. Esto es lo que, en definitiva, se descubre en Manías. El movimiento vital de todo hombre, especialmente el de hoy, puede aquietarse, sentir gusto de sí mismo, ondular en uno. Que sea nuestra mirada, nuestro deseo, nuestra nostalgia la que viaje más allá de nosotros, que se interne en los laberintos, pero que nunca dude en volver despojada de pesos ajenos, parece decirnos el poeta. Cito el último fragmento poético, donde la lucidez conseguida se muestra en su máximo esplendor:

Expropiación
Y no la vi afiebrado de mí hasta ahora
que el tiempo me hizo libre de su madriguera.

No hay duda. La obra de Cristián Basso, abordada en este estudio, tiene un cierre magistral en su última sección Manías. Su obra completa, Manía de hojas, logra ser un exquisito recorrido por las distintas miradas del hombre contemporáneo. Lo inicia todo Alalia, representación del primer encuentro del poeta con el mundo y el natural ahogo de quien tanto tiene que decir. La madurez comienza a vislumbrarse en Coméntame si estoy contigo, colección de poemas de tono sensual que nos preparan para un discurso pleno de lirismo.

A modo de conclusión, me quedo con la mayor virtud de Cristián Basso Benelli: la transparencia de su poesía. Sus versos no son esquivos a la comprensión, si aceptamos ingresar al reino de la belleza. La soberbia y el cinismo contemporáneos aquí no tienen lugar. Nuestro poeta es heredero de la poesía original, de aquella que fue hermana de la música, de aquella que seduce, que conmueve, de aquella capaz de completar lo creado.


Nadia Norambuena: Es ensayista, licenciada en educación en castellano y profesora de castellano por la Universidad Metropolitana de Santiago. Cursa el Magíster en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Santiago de Chile.

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