16 de diciembre de 2009

De ayer a hoy

Sin agredirme,
entra la luz a los pies de tu cama.
Las paredes enaltan los años 40,
suben en su color la hiedra de los musgos.
El polvo y la madera aquí siempre se besaron.
Yo duermo.

Y tras la noche reída y ocultada
de innumerables confesiones,
sin la urgencia de ser dichas, pero dichas,
caí a soñar entre tus sábanas,
caí a lo irrisorio de la fe,
supe soñar sin recordarlo todo
como el reflejo de quererme.

Sin agredirme, estabas tú,
serenamente verde en tus ojos,
durando en la sangre del respiro.
Tu cuerpo que durmió lo ajeno
yace viviendo la ilusión
de niños perdidos en su propia edad.
Abro la lentitud de la mirada
y te veo de espaldas,
y veo el recorte de tu espalda,
el contraluz de tus años,
tantas mañanas como ésta
en que partió de aquí un amante tuyo,
pasajero para amar la luz perdida,
y tantas bestias velando mis brazos,
apenas dichos por el amanecer,
leves susurros de puertas cerrándose.
Quiero que sea de lluvia lo eterno;
grisácea frescura, el cobijo.

Quiero volver al embrión de mi suerte,
empañarme en los vidrios de tu vista;
renacer pequeño, feliz de tenerte,
de haberte, de serte, de escapar
al cierre del futuro,
de envejecer contigo como tantas palabras
que entre el humo se vuelven figuras.

Oírte una vez más
a los pies de tu cama:
«Mientras dormías,
parecías un ángel».

De "Manía de Hojas" (RIL Editores, 2009,Santiago, Chile, 128 págs.)

2 comentarios:

aNGeLL dijo...

Este es uno de sus tantos poemas que tienen una sensualidad y una pasión única, que sólo usted sabe reflejar...

Creo que este tiene cierto parecido o quizás es lo opuesto a "la lirica de la noche"...
Siendo de cierta forma, muy tierno...

Es maravilloso cómo plasma en sus versos, cada situación de la vida...

Sólo pasaba a saludar...
Cariños...
Angélica...

El hombre de arena dijo...

Amigo un poema escrito con la claridad de la contemplacion, un susurro a las orillas de un inmaculado cuerpo de mujer.
Saludos