7 de abril de 2015

Leyendo a Gabriela Mistral en su natalicio

Gabriela Mistral es para mí una poeta de cabecera. El primer libro de poesía que leí fue Desolación y, tras él, vino mi entrada a su inmensa poesía y prosa. Pero de todos los poemarios mistralianos el más significativo por la intensidad y la huella telúrica que despierta sentidos y conexiones con la vida es Lagar. Quizás los años me han permitido recorrerlo con nuevas lecturas. Es ella la voz presente de una mujer chilena trascendental.

Hoy la recuerdo en su natalicio con un poema al que siempre regreso, porque creo que en él se resume todo oficio poético:



PODA DE ALMENDRO
Podo el menudo almendro contra el cielo
con una mano pura y acendrada,
como se palpa la mejilla amada
con el semblante alado del anhelo.

Como creo la estrofa verdadera
en que dejo correr mi sangre viva,
pongo mi corazón a que reciba
la sangre inmensa de la primavera.

Mi pecho da al almendro su latido
y el tronco oye, en su médula escondido,
mi corazón como un cincel profundo.

Todos los que amaban me han perdido,
y es mi pecho, en almendro sostenido,
la sola entrega que doy al mundo…

Portada: Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.

5 de abril de 2015

Chiara De Luca, una poeta italiana que sorprende: Alfabeto dell´invisibile




A fines de marzo de este año, aparecieron publicados en español en la revista de literatura peruana Vallejo & Co. siete poemas de la poeta italiana Chiara De Luca, escritora y traductora que ha destinado la vida y la pasión por la escritura poética . 

Es autora de los poemarios  La corola della memoria (2008), Animali prima del diluvio (2010) y del inédito Alfabeto dell’invisibile, en versión bilingüe español-italiano. Su poesía sorprende por la fuerza expresiva que alcanza en los versos. Sin duda, una autora que debemos considerar cuando se trata de elegir poesía "de alto vuelo". 

En otras entregas, comentaremos su reciente Alfabeto dell’invisibile, editado por Samuele Editore. He aquí una muestra autorizada por la gentileza de la propia autora.

Soy esta casa derruida

de ventanas ciegas y fumo
contra el cielo, partida
por haber defendido demasiado.
No me llames, vuelve sólo
si es para reconstruir.
Todo tiembla entrando
estallan las grietas del silencio,
desquician las puertas hacia la oscuridad.
No se redisponen las piedras
porque no tiene más herederos el sueño
no ha olvidado nada que se pueda robar.
Sólo las paredes exteriores saben estar
blancas al encontrarse con el viento.

Es extraño ver cómo puede el viento

liberar el cielo y aliviar en vuelo
los brazos de los árboles de nuevo genuflexos.
A la prisionera en casa aún le falta mucha luz
bebida por el edificio a pocos metros desertado,
mientras sobre la terraza los paños juegan con los hilos
recargados bailan desaliñados y como ignorantes
del tiempo oculto que marcado por el silencio
hace meses en mi barrio replica solamente
la belleza dura de tus ojos en el andar
la trágica sabiduría que enmascara los miedos
los gritos de los niños en ese corral
tan puros

            (De La corola della memoria, 2008)

Ocaso


No digo que no exista el amor

murmuras en ruego después de una hora
de charlas y risotadas agudas de niña;

te envuelves la falda alrededor de los tobillos,
tirándote los puños del jersey sobre las manos

para posar tu mentón sobre el dorso
sentándose conmigo sobre la acera

– entre cucuruchos llovidos a dos metros de la papelera
pan, maíz y guano sobre el peldaño,

contando sobre el pavimento los tacones y mocasines
las ruedas del bus, de las bicicletas y de los cochecitos –

pero hoy el amor es este triste río,
invadido por rechazos y ratas de alcantarilla,

que en el caos del centro corre despreocupado
del estruendo entrometido de los coches que lo invade

nosotros somos las figuras alineadas sobre el puente,
que ves delineándose indistintas en el ocaso:

hay quien al parapeto se asoma quizás en busca,
quien de pronto se petrifica en la tormenta,
quien por error o aburrimiento se pone de pie en el centro;

la mayoría va más allá al horizonte de los otros,
o de un trabajo, un techo, un reconocimiento,
una pantalla, una corneta, un agujero dentro

y el sol lentamente en el agua se va desvaneciendo.

            (Del inédito Alfabeto dell’invisibile)



8 de julio de 2014

Un brindis por la poesía...desde Florencia, Italia


Desde la ciudad de mis ancestros, un brindis a todos mis amigos y amigas...por la poesía, que nos aleja la mala gente y nos acerca el arte verdadero, siempre salvador y luminoso.

20 de diciembre de 2013

"Voces para el tiempo: catorce autores italochilenos", nueva antología poética bilingüe del Instituto Italiano de Cultura de Santiago


Traducidos por el profesor y poeta italiano Fabio Rosa (Universidad de Florencia), los poemas que forman parte de esta nueva publicación antológica bilingüe español-italiano del Istituto Italiano di Cultura de Santiago se presentó ayer en el IIC. Dicha obra reúne a poetas chilenos de origen italiano. Entre ellos, Juan Antonio Massone, Annamaria Barbera, Cecilia Casanova, Renzo Rosso, Maritza Gaioli, Inés Lazzaro, entre otros.

Muestra de poemas de Cristián Basso 
 (traducción al italiano de Fabio Rosa)
DELIRIO

Adesso tutto è in gioco.
Le finestre si reclinano
sulla cicatrice dei mondi.
I colpi cadono forti;
la tenebra da piangere
e trattenere dentro le lacrime.
Adesso tutto è in gioco.
Le febbri della coscienza
ardono bruciando.
La pelle ha perso
i suoi dipinti.
Adesso tutto è in gioco:
le palpebre si chiudono vinte.

Tutto è in gioco
e se non muoio
è un miracolo.



ESSERI

Si baciano nel tempo,
nella distanza più intima
si abbracciano.
Le ore sono il cosmo,
sempre la stessa ora degli esseri,
sempre le maschere del canto.

Gli esseri,
verso l’interno,
verso il sole più alto della luce,
vanno coi passi antichi,
con la fede sopra le spalle,
come l’unica lacrima
lanciata al cielo.

Vanno all’olfatto della terra,
al bacio dietro le tende,
allo scapolare del passato.

Si coricano, si amano
sopra un’isola quieta,
traducono la polvere della morte
in uccelli solitari
e cercano l’eterno
fra queste quattro pareti.


30 de julio de 2013

Reseña al nuevo libro de poemas de Rafael Rubio: Mala Siembra




MALA SIEMBRA de Rafael Rubio[1]


La Editorial de la Universidad de Valparaíso, recientemente renovada bajo la dirección de Cristián Warnken, ha incluido entre sus primeros títulos de la Colección de Poesía la edición de Mala Siembra, cuarto poemario de Rafael Rubio (Santiago, 1975), uno de los poetas más sobresalientes de la Generación de los Noventa que, como es sabido, es también hijo y nieto de grandes poetas nuestros: Armando y Alberto Rubio. Su producción literaria comenzó con Arbolando (1998), continuó  con Madrugador tardío (2000), Luz Rabiosa (2007) y prosiguió con Caudal (2010).  Este último correspondió a una muestra antológica de 32 poemas, además de uno final inédito del que se transcribió en dicha publicación un pulcro manuscrito. Se trata de Queja:

“¡Señor, cómo nos zumba la miseria!

Hay luz, pero no alcanza para el año.
Apenas queda gallo en el granero
y no hay gallina para el pobre gallo.

¿Solo para los muertos es la tierra?...”

Este poema que cierra dicha antología es justamente el que anunció tres años antes, e inaugura hoy la primera parte de textos poéticos que leemos en Mala Siembra, estructurado en ocho secciones que construyen un discurso lírico que se extrañaba en la poesía chilena actual, ya sea por su original visión crítica, como por su depurada forma expresiva, que ya Rubio venía entregándonos desde sus primeros poemas. Basta recordar cómo nos sorprendieron, y en algunos casos aprendimos de tanto degustarlos, su Autorretrato, Los Trigales, Elogio a la Cerveza o sus conmovedoras elegías en Luz Rabiosa. Por eso no es de extrañar que hoy su nuevo libro de poemas traiga consigo la voz de un estilo maduro, preciso, sentenciador y ansioso de enfrentar el modo en que el hombre convive con su naturaleza, su entorno inmediato y su fe en tiempos de la archimodernidad. Un mundo al que se opta verlo, preferentemente, desde la sextina, la estrofa sáfica, la lira, el soneto, como si dichas composiciones poéticas (“edificios que ya no habita nadie” o “sobras del festín”) no fueran sino tomar de la mano lo mejor de la tradición poética de la España del siglo de oro para hablar del hombre y la mujer de hoy con sus contradicciones permanentes que los ciegan, en un acto creativo de fidelidad y coherencia con opciones estéticas que, al decir del poeta Carlos Germán Belli en su prólogo a la obra, van contra la corriente, pues “estamos, en el presente, en las antípodas del poema libérrimo”. Quizá excesivamente más lejos de la naturaleza primitiva del verdadero canto poético, como si solamente nos quedaran algunas imágenes sueltas, muchas veces prosaicas, alejadas de todo núcleo o contacto vital con el poema.

Desde la primera parte, La queja, se empieza a presentir la caída de semillas poderosas que estimulan el exhorto a Dios y el habla de una queja creciente que recuerda lo telúrico y desgarrador de otras poéticas nobles como las de Darío, Mistral, Pezoa Véliz, De Rokha, Anguita o Rosenmann-Taub: la posición del hombre frente a una vida falseada; agobiado por el miedo, la avaricia, la incomprensión, el fastidio, la pobreza espiritual, la carencia de mundo interior, los conflictos internos, la indiferencia, la injusticia; y agobiado hasta por Dios, de quien se espera el trueno que arrase con todo. La sentencia será que, tras el término de un modo de vivir y de pensar la existencia sobrevendrá el arranque de nuevos días, aunque “nunca hubo otra casa que la muerte”; pese a lo cual el hablante lírico insiste hacia el final: “¡Yo quiero estar naciendo siempre, siempre!”.

Son variados y conmovedores los versos que sentencian estas realidades. A cada paso el hablante lírico, personificado después como el calmo pastor Títiro de la égloga virgiliana, se detiene para manifestar lo repugnante del escenario social en el que interactúan la “muerte viva” del hombre cosnciente a quien se le ha confiscado su tierra y aquel que es inconsciente, es decir, sin interés alguno por cultivar una conciencia personal y  colectiva, además  del desprecio que atrae el desdén por el otro, como si este no existiera: “Dichoso el pobre, que es apenas una sombra/ y más el rotosiento, porque ese ya no siente” (Consuelo: a partir de Lo Fatal de Rubén Darío). De ahí el clamor del rayo para que zumbe el trueno e intervenga la divinidad para cambiar el estado de dichas condiciones repudiadas por la voz poética que, en Renuncia, reconoce: “Más que diez siembras valen cuatro huesos de un muerto. / Diez hambrientos no valen lo que nos vale el rayo”. Es tanta su necesidad de denunciar la realidad que, por ejemplo, alude al enfermo en Sala de hospital y lo contrapone en una perfecta ilación al poema siguiente: La hospitalidad. Enuncia en el primero: “Se ha agravado la luz y no hay remedio. / ¡El silencio es una sábana blanca/ sostenida en el aire por los ojos”. Asimismo, en su afán de asumir desde lo lírico lo impactante de los hechos, escribe el poeta desde la conmoción del incendio de la cárcel de San Miguel en El incendio:

“Danos la muerte, Señor.
Danos la venia del fuego.
Que allá va el encerrador
y acá queda el carnicero”.

La práctica de escritura poética medida sujeta a la tradición –tan menospreciada o evadida por el poeta sin oficio que suele recluirla a una suerte de práctica anquilosada o antojo nostálgico- es muestra de dominio y oficio del poeta, pues lo obliga a la contención del decir creativo que sigue un ritmo interno, capaz de la musicalidad y de la expresión sonora y cantante del verso. Tal condición se hace viva, latente y característica en los poemas que articulan un territorio lírico donde el cuerpo textual orgánico dialoga con su inmediatez, su entorno afectivo, su crítica y ética del malestar, que despierta con gran fuerza expresiva la queja velada o manifiesta con que el hablante lírico se expresa en torno a la injusticia, los abusos y la indolencia. Es por ello que abundan recursos retóricos de gran belleza auditiva como las aliteraciones, las anáforas y las reiteraciones: “¡Y el hambre le da su sombra/al hombre de mala siembra!” o “De la cosecha, la hembra/ vuelve con hambre de sombra!”, porque  es “¡Mala cosa, Señor, mala cosecha!” que aquello que ha nacido para ser no sea finalmente: “Da la fuente su agua, pero el agua/ no cría los corderos”.

Así, a medida de que el recorrido va espesando los mensajes, el hablante avanza con preguntas hasta volverse “Corajudo” cuando son los resultados de las acciones los resultados de un modo de ser y sentir: “Miedo al relincho, pero no al caballo (…)”, “Miedo al rugido/ pero no al león”.  Luego se llega a la serie “La familia”, en cuyo seno la fiesta es posible, aunque después “escarba el padre con rencor la tierra” tras la partida del hijo. Pero son dos los poemas de esta división del libro en donde encontramos lo mejor de Rubio: Hermana y Elegía a Armando Rubio.  Entrañables y emotivos son los versos octosílabos siguientes:

“¡Hermana, que estamos negros,
que estamos negros de pena!
La tierra parió su musgo
y el musgo parió a la piedra,
como la vasija al cántaro,
como el relincho a la yegua,
¡como la herida a su látigo,
como al caballo la rienda!”

Y la reiteración lírica de los versos que zumban y zumban en la elegía al padre:

“¿Estabas ahí cuando te pusieron en tu tumba?
¿Estabas ahí cuando te pusieron en tu tumba?”

Concluye:

¿Estabas ahí cuando te pusieron
en tu tumba? ¡Dime, padre!”

Entre los elementos concretos que trazan el universo lírico, se aprecian también, como piezas perfectas de una constelación de sentido humano, términos cuyas cargas semánticas aluden a la rabia, la soledad, la muerte, la pérdida y la tristeza como elementos vitales en los que vive la voz y la conciencia crítica del hablante, sin olvidar el sentir religioso que lo impulsa.

Es llamativo que algunos de estos elementos aparezcan con insistencia en los poemas, evidentemente con la intención de alcanzar coherencia con un poema extenso que va dibujando un fondo, un boceto donde la realidad ocurre: sopa (sobre todo la que se enfría), gallo, perro, yegua, mosca, moscardón, sangre, padre, hermana, enjambre, piedra, dientes, sin disminuir la intensidad con que son dichas o repetidas como para marcar o indicar la persistencia de los golpes que, como en el gran Vallejo, “caen fuertes…”y se forman parte del relincho, del grito, del temblor, de la lengua, pese a que “las piedras no se dejan conmover tan fácilmente”.

La idea de conjunto y la de unidad o individualidad confrontan en muchas ocasiones el caudal de paradojas o desarrollo de contrarios con la aparente intención de mostrar lo perdidos que, como sociedad, estamos:

¡Los enjambres andan huérfanos
y no hay panal ni colmena!

Más tarde, el diálogo enriquecedor y clarificador es con Títiro en Los discursos. La palabra torna a su realidad y abre posibles salidas, aporta la comprensión de la invocación inicial. Se oye cómo encara la verdad en El derrumbe:

“Mas, tus estrofas sáficas, escritas
en horas de penumbra, son leídas
cual meros documentos de una época
difícil, pero digna de memoria.”

En tiempos en que algunos advierten un distanciamiento de la poesía ante la realidad del hombre actual, Mala Siembra prueba lo contrario al construir un universo poético en donde la crítica esencial se centra en la miseria y la pobreza humanas, no solo observadas sino vividas, que alcanzan variadas connotaciones en tiempos “en que escasea el alma y sobran cuerpos”. Alma que por lo demás “es patrimonio de los ricos”, aunque “el pobre será rico en su pobreza”, porque el hombre ha perdido el norte, ha perdido perspectiva, la cercanía y valoración de lo inmediato y familiar que conviven con lo trascendente o la necesidad de ello. Regresar a dicho cobijo y a su historia, a un encuentro real con la divinidad, a estar presente en la vida son las posibilidades más ciertas que la voz poética de esta obra propone como rescate o salida a un entorno humano que olvida su tierra donde siembra y ha sido sembrado, la verdad, la justicia y la fe, tal como se afirma en Plegaria:

¡Dame, Señor, por fin, tu peñascazo
Antes que me lo den las emperradas!
Si yo soy caballo y tú el guascazo
¡Tú eres la piedra y yo soy la pedrada!


Podemos afirmar, finalmente, que Rafael Rubio escribe desde siempre, desde la sangre, desde la herencia, desde la poética suya ancestral que cobra cuerpo textual en el poema. Mala Siembra es muy de tierra y de verdades para el hombre a quien le falta y sobra todo. Al parecer, despertar tras el rayo y el trueno es el primer avistamiento de una salida a la indolencia y a la pérdida, “porque en la sombra el hombre aguza el ojo/ y el ojo azota más que la pedrada”.

Como vemos, hay mucho por decir todavía acerca de este valioso poemario que, como toda obra lograda que se aquilata con el tiempo, irá diciéndonos más acerca de la vida, de nosotros mismos y de los misterios que nos acompañan, para lo cual la poesía está hecha.



Cristián Basso Benelli
Santiago, invierno de 2013






[1] Rubio, Rafael: Mala Siembra. Editorial Universidad de Valparaíso, 2013, 171 páginas. Edición al cuidado de Ernesto Pfeiffer Agurto.

16 de noviembre de 2012

Ernesto Cardenal, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012


La persona
más proxima
a mí

eres tú
a la que
sin embargo

no veo
hace tanto tiempo

más que en sueños.
Ernesto Cardenal


Imagen del poeta disponible en: http://www.google.cl/imgres?um=1&hl=es&sa=N&biw=1440&bih=799&tbm=isch&tbnid=WmndPErODbbBLM:&imgrefurl=http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/71109&docid=CGoGQtQKz4wUrM&imgurl=http://photos.end.com.ni/2010/03/639x360_1269586671_ERNESTO%252520CARDENAL%2525206.jpg&w=639&h=360&ei=tWGmUIeVD4uw8ASS9oHgBQ&zoom=1&iact=hc&vpx=200&vpy=501&dur=674&hovh=168&hovw=299&tx=197&ty=73&sig=104223697592894027429&page=1&tbnh=147&tbnw=259&start=0&ndsp=30&ved=1t:429,r:16,s:0,i:130

28 de septiembre de 2012

Creaciones de Karina García Albadiz


Fragmentos

A Lezama Lima


Del oído al caracol y al oído del caracol de nuevo como el salto de lo fácil a lo difícil, en ese instante mismo en que sea capaz de abolir lo público y lo privado porque decimos íntimo a todo lo que se nos es­capa: Máscara y Río. La intimidad en lo colectivo. Encontrar la muer­te en ese sueño que uno solo ve, abriendo el grifo del pasado para atisbar el salto de conciencia en ese pequeño guiño del áspero final. En esta noche helada: dos llamadas seguidas, mientras un pequeño chanchito de tierra cruza el espacio, silencioso, tranquilo y se pierde… se devuelve ahora infinito, atolondrado, deshace el camino. Lo miro preguntándole de dónde viene tan solo. Mientras tanto configuro la película: esas visiones degradadas entre el vendido y el cobarde, ese tono apocalíptico de depresión convaleciente y la gente se viste para vivir, se viste para morir y se desnuda solamente en lo esperable. Un cuerpo de aromo —recuerda lo que dicen de esta especie— en un solo segundo, una epidemia y para mí su color-olor, revelación hondura para la quebrada. A partir de este instante, todo se concentra y deviene encadenamiento de todas las desapariciones: mi bisabuelo desaparece en una matanza, mi abuelo pierde su camión de fletes, mi papá pierde su taller de bicicletas. El país como ladrón de bicicletas. El cuerpo, “un bosque ideal que lo real complica”, muchos en el desierto, muchos en el mar. (Un cuerpo sujeto-objeto pierde siempre a otros, todos lleva­mos un cuerpo muerto que nos da ventaja).


La Nuez


Arado, andamio, en esta perra construcción que siempre nos espera y aunque logramos abrirnos paso y volar... siempre cemento y tránsito. Red en esta trama humilde ante un objeto humanizado que renace y en este arte de empezar primero, para encontrarnos con el latido de la ausen­cia, la muerte y su vitalidad difusa, mientras las coronas congelan el calor vivo del cuerpo nos asalta la pulsión del recuerdo. Puedo mirar a ese muerto y entender, por fin, qué le falta: la vida, esa vida que le sobra a la muerte. Entonces, enhebro todas las palabras bonitas que he pedido y saboreando la inextinguible antropofágica vitalidad como una penumbra lenta que no duele. Justo ahora que el genio del bos­que llena la ciudad de cenizas, arrebatándonos los mejores momentos del año y no todos los días alcanzan la belleza. Justo ahora, tengo una imagen fuerte: el mundo gusta de la armonía, por eso muchos se sienten inclinados a la con­fianza. Sin embargo –desafiante– el mundo parece decirme: ¡descíframe o te devoro!

6 de septiembre de 2012

Nuevo libro de cuentos de Nadine Alemán


Acaba de editarse en Argentina, bajo el sello Malaspina ediciones, el nuevo libro de cuentos de la talentosa escritora argentina Nadine Alemán. Apenas tenga el libro en mis manos, comenzaré a redactar algunas ideas, ya que su libro anterior "17 cuentos simples" fue el comienzo de nuestra amistad y, por mi parte, de una gran admiración hacia su forma novedosa de narrar.

10 de agosto de 2012

Otro poema de "Alalia"



Orejas


Lo que sé
no es por tu mirada.
Es la vida arrastrándose
a mis pies.
Y la siento venir
detrás de las puertas.

"Al salir del metro", un poema de «Ser a la vez el pez y la pecera»

Al salir del metro, me liberó verlo, combiné infrarrojos, acercamos límites. Lo seguí. Fue perfecto perderlo de pronto en el lapso que tardé...